El deporte vive de la épica: récords imposibles, finales decididos por milésimas, cuerpos que parecen desafiar la biología. Cuando aparece el dopaje, la épica se convierte en sospecha.
Detrás de una marca estratosférica puede haber algo más que talento y entrenamiento: farmacología, riesgos para la salud y una carrera contrarreloj entre quien intenta engañar y quien intenta detectarlo.
A continuación, en este artículo veremos qué dice la evidencia en personas, tanto en deportistas de élite como en usuarios recreativos, dónde están los mayores riesgos y cómo encajan los tratamientos médicos legítimos bajo autorización terapéutica.
¿Qué es y cómo actúa el dopaje en el cuerpo y qué posibles beneficios tiene?
La palabra dopaje, de forma práctica, significa el hacer uso de sustancias o métodos prohibidos que puedan mejorar el rendimiento o supongan riesgo para la salud, según el Código Mundial Antidopaje (2021) y la Lista de Sustancias y Métodos Prohibidos, que se actualiza cada 1 de enero (versión vigente: Lista 2025).
Categorías principales:
- Anabólicos (S1): aumentan síntesis proteica, fuerza y masa muscular; asociados a riesgos cardiovasculares, hepáticos y hormonales.
- Péptidos y factores de crecimiento (S2): p. ej., EPO y análogos; elevan el transporte de oxígeno y la resistencia.
- β2-agonistas (S3), moduladores hormonales/metabólicos (S4), diuréticos/encubridores (S5), estimulantes (S6), narcóticos (S7), cannabis (S8), glucocorticoides (S9) con restricciones.
- Métodos prohibidos (M1–M3): manipulación sanguínea, manipulación de muestras y dopaje genético.
- Autorización por uso terapéutico (TUE). Si una patología requiere un medicamento prohibido, se puede solicitar TUE con criterios estrictos (diagnóstico sólido, necesidad médica, ausencia de alternativa y no ventaja injusta). Desde 2022, los glucocorticoides por vía inyectable, oral o rectal están prohibidos en competición, con tiempos de lavado y guías específicas.
Otras sustancias de interés (SARMS)
Estudios científicos sobre el dopaje en deportistas
Estos son los principales datos y hallazgos relacionados con esta temática concreta.
Deportistas de élite
Medir la prevalencia real es difícil porque el dopaje se oculta y los controles no lo detectan todo. En grandes competiciones, encuestas anónimas diseñadas para reducir respuestas complacientes estimaron prevalencias elevadas (≈44 %–57% en el último año, según evento y método), muy por encima de los positivos oficiales.
La literatura metodológica posterior matiza que las cifras dependen del deporte y del método, pero confirma el subregistro en fuentes tradicionales.
WCA = World Championships in Athletics (Mundial de Atletismo); PAG = Pan Arab Games. Estimaciones anónimas muy por encima de los positivos oficiales; reflejan subregistro en controles
En cuanto al rendimiento, investigaciones en ciclistas bien entrenados que administraron EPO mostraron mejoras en pruebas de laboratorio (capacidad máxima y submáxima). Sin embargo, trasladar esas mejoras a resultados de carrera real no fue tan claro, lo que ilustra tanto el potencial como los límites del dopaje en condiciones competitivas.
Deportistas recreativos y usuarios de gimnasio
La evidencia en personas sobre esteroides anabólicos es consistente; el coste cardiovascular aumenta con el uso prolongado.
Revisiones y estudios clínicos con imagen describen disfunción miocárdica, aterosclerosis acelerada y alteración vascular que pueden persistir años tras dejar de usarlos. En muestras de deportistas recreativos, la exposición acumulada se asocia a más placas coronarias y cambios en ecocardiografía, reforzando el patrón dosis-tiempo-daño.
Riesgos del dopaje para la salud
Estos son los principales riesgos (comprobados):
Corazón y vasos
El uso de anabólicos daña la circulación. En estudios con usuarios se ve peor riego del corazón (casi 1 de cada 5 presenta flujo claramente reducido y 1 de cada 3 muestra señales tempranas), y arterias menos elásticas en jóvenes que los usan. Traducción: más presión para el corazón y más riesgo a futuro. (Bulut et al., 2024; Tungesvik et al., 2024)
MFR = reserva de flujo miocárdico (capacidad de aumentar el riego del corazón con demanda). La disfunción es más frecuente en usuarios actuales; ex-usuarios muestran afectación menor; controles ~0%
Hígado y riñón
El hígado puede atascarse (colestasis), inflamarse y desarrollar lesiones como peliosis o tumores cuando el uso se alarga.
El riñón puede perder filtro (aparece proteína en orina), sufrir daños agudos y, en algunos casos, cicatrices confirmadas en biopsias.
Cuanto más tiempo y dosis, mayor riesgo. (van Amsterdam et al., 2010; Herlitz et al., 2010).
Tensión y colesterol
Durante los ciclos la tensión arterial sube (de media, unos 7 mmHg la “alta” y 3 mmHg la “baja”) y 4 de cada 10 llegan a valores de hipertensión. Además, el colesterol bueno (HDL) baja casi a la mitad y el malo (LDL) sube en pocas semanas. (Smit, 2022; McCullough, 2020).
HAARLEM = cohorte prospectiva de usuarios; AAS = esteroides anabólico-androgénicos; Δ = cambio. En ciclo, la tensión sube (≈ +7/+3 mmHg) y ~41% alcanza criterios de hipertensión
En la siguiente gráfica se muestra el cambio en el perfil lipídico en usuario de AAS.
HDL-C = colesterol “bueno”; LDL-C = colesterol “malo”. Patrón típico: HDL desciende de forma marcada y LDL aumenta en pocas semanas de uso
Fertilidad y hormonas
Los anabólicos suprimen la espermatogénesis por retroinhibición del eje y pueden causar hipogonadismo e infertilidad. La recuperación tras el cese es posible, pero variable y puede tardar meses o más de un año, según duración y dosis de uso. La evidencia en humanos procede de revisiones y estudios clínicos que documentan recuperación espontánea en muchos casos y estrategias médicas de apoyo cuando se necesita (p. ej., hCG, SERMs). (Tatem et al., 2020; McBride & Coward, 2016; Liu et al., 2006).
Las hormonas controlan la producción de esperma en un sistema de retroalimentación negativa
Tendones y músculo
Aumentan las roturas de tendón. En culturistas, 2 de cada 10 usuarios han tenido alguna ruptura (frente a 1 de cada 20 sin anabólicos) y en brazo/hombro la diferencia es aún mayor. (Kanayama et al., 2015).
MS = miembro superior (hombro/brazo). Más roturas en usuarios de AAS (≥1 ruptura 22% vs 6%); el riesgo en miembro superior destaca (17% vs 0%)
Cerebro y cognición
Con usos largos se han visto peores pruebas de memoria y control mental y cambios en la estructura del cerebro. (Kanayama et al., 2013; Bjørnebekk et al., 2017; Bjørnebekk et al., 2021; Hauger et al., 2019)
Piel
El (ab)uso de sustancias provoca más acné (a veces grave), piel grasa, caída acelerada del pelo en predispuestos y, en mujeres, vello no deseado; además, las inyecciones aplicadas con una mala práctica pueden causar infecciones y abscesos. (van Amsterdam et al., 2010).
Análisis crítico de los estudios
La investigación en dopaje convive con límites éticos y legales que impiden protocolos largos a dosis altas; por eso, mucha evidencia procede de usuarios reales y de estudios clínicos observacionales, complementados con modelos controlados de corta duración. Esto exige leer con matices.
Por ejemplo, donde el consenso es más fuerte es en el daño cardiovascular por anabólicos: diferentes equipos, métodos de imagen y medidas funcionales convergen en el mismo mensaje, y además se alinean con los cambios de presión arterial y lípidos observados durante los ciclos.
La prevalencia es el ámbito con más ruido: las encuestas indirectas elevan las cifras, los positivos oficiales las reducen; la realidad seguramente está por encima de los positivos, pero no es uniforme entre disciplinas o países.
Por último, la norma la rigen el Código 2021 y la Lista 2025, con cambios como las restricciones de glucocorticoides en competición. Cualquier guía o artículo serio debe revisarse cada año para no quedarse desfasado.
Conclusiones
El dopaje no es solo hacer trampa, es asumir riesgos sanitarios reales a cambio de posibles mejoras que no siempre se traducen en resultados en competición. Hoy rigen el Código 2021 y la Lista 2025, que definen qué está prohibido, cuándo y por qué.
En cuanto a salud, el (ab)uso de anabólicos concentra la mayor carga de daño cardiovascular, acompañado de alteraciones hepáticas y renales, hipertensión y dislipidemia, supresión de la fertilidad, más rupturas tendinosas, efectos dermatológicos y cambios neurocognitivos en usuarios de larga duración.
La prevalencia real es probablemente mayor que la que muestran los positivos, pero muy variable según contexto. La vía segura y sostenible para rendir sigue siendo entrenamiento, nutrición, descanso y, cuando hay enfermedad, tratamientos con TUE bien justificados.