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¿Por qué duelen los músculos después de hacer ejercicio? Esto dice la ciencia.

Es una sensación casi universal, una especie de medalla invisible que te ganas tras un entrenamiento intenso: ese dolor muscular sordo y profundo que aparece uno o dos días después de haber exprimido una sesión de entrenamiento al máximo, convirtiendo actos cotidianos como bajar escaleras en una operación de alto riesgo y una simple carcajada en un recordatorio de cada una de los abdominales que hiciste.

Para muchos, es un dolor satisfactorio, una confirmación física de que el trabajo se ha hecho bien, el precio a pagar en el camino hacia el progreso. Pero, ¿qué es exactamente este fenómeno? ¿De dónde viene esa rigidez y ese malestar que nos acompaña?

🔥 Durante décadas, la respuesta parecía simple y estaba en boca de todos: el ácido láctico Seguro que has oído la vieja historia de los «cristales de lactato» que se clavan en el músculo. Es una explicación tan extendida como, científicamente hablando, incorrecta.

➡️ En este artículo, vamos a emprender un viaje al epicentro de ese dolor. Desmontaremos mitos arraigados y te explicaremos, con el respaldo de la ciencia, qué son realmente las agujetas o DOMS (Delayed Onset Muscle Soreness). Hablaremos de cómo este proceso, a pesar de las molestias, es la antesala necesaria para que tus músculos se vuelvan más fuertes y resistentes.

Dolor en músculos después de ejercicio

Dolor muscular después de entrenar: ¿por qué ocurre?

Esa sensación tan característica que nos invade uno o dos días después de un entrenamiento exigente tiene un nombre técnico: dolor muscular de aparición tardía o, por sus siglas en inglés, DOMS (Delayed Onset Muscle Soreness).

📍 La clave de su definición se encuentra precisamente en la palabra «tardía«. A diferencia de la fatiga o la quemazón aguda que sentimos durante el ejercicio, las agujetas aparecen sigilosamente, alcanzando su máxima intensidad entre las 24 y 48 horas posteriores al esfuerzo (revisión).

Este dolor no es simplemente cansancio; se manifiesta como una notable rigidez muscular, una mayor sensibilidad al tacto, una disminución temporal de la fuerza y, en ocasiones, una reducción del rango de movimiento articular Es la razón por la cual un gesto tan simple como sentarse en una silla puede sentirse como una auténtica proeza 😅

🔎 Clásicamente, las agujetas se asocian con la introducción de un nuevo estímulo de entrenamiento o con ejercicios que tienen un componente excéntrico muy marcado, es decir, cuando el músculo se alarga mientras produce fuerza, como ocurre en la fase de descenso de una sentadilla o en la fase excéntrica de un curl en banco Scott (revisión).

Dolor muscular después de entrenar

📖 Durante muchos años, la explicación científica que ha dominado los libros de texto apuntaba a un culpable muy claro: el daño estructural en el propio músculo.

La teoría de las «microrroturas» proponía que la tensión mecánica del ejercicio causaba pequeños desgarros en las proteínas contráctiles (los sarcómeros) y en las membranas de las fibras musculares (Figura 1). Este daño, a su vez, desencadenaría una respuesta inflamatoria para limpiar los desechos y reparar el tejido, y sería esta inflamación la que nos provocaría el dolor (revisión).

Agujetas asociadas al ejercicio

Figura 1. A pesar de que cuando se empezaron a entender las agujetas asociadas al ejercicio se pensaba que, en cierta medida, era debido a microrroturas en las fibras musculares, lo cierto es que esta teoría se ha perfeccionado con el paso de los años y actualmente no se acepta como explicación principal.

🤔 Sin embargo, esta visión clásica, aunque parcialmente cierta, presenta algunas inconsistencias.

Por ejemplo, se ha observado una correlación muy pobre entre el grado de daño muscular visible —medido por biomarcadores en sangre como la enzima creatin quinasa (CK)— y la intensidad del dolor que la persona reporta (revisión). Esto llevó a algunos científicos a preguntarse si el foco principal del problema estaba realmente en la fibra muscular.

💪 Las mediciones de daño muscular a nivel microscópico están mal correlacionadas con la sensación de dolor. Básicamente, si estas algo dolorido, no significa que te hayas “destrozado” completamente los músculos, sino que hay algo más.

Aquí es donde entra en juego una perspectiva que ya no es tan revolucionaria como hace años, pero sí bastante acertada.

🔎 Algunas revisiones sobre el tema realizadas por el grupo de trabajo del investigador húngaro Balazs Sonkodi (revisión 1, revisión 2, revisión 3) plantean una pregunta audaz: ¿y si hemos estado mirando en la dirección equivocada todo este tiempo?

Los autores proponen que el evento principal que originan las agujetas podría no ser el daño muscular, sino un microdaño neural. Según su hipótesis, la tensión mecánica afectaría principalmente a las delicadas terminaciones nerviosas libres que se encuentran en el tejido conectivo del músculo (Figura 3), siendo este daño en los nervios el que iniciaría la cascada de dolor e inflamación que sentimos.

💡 Durante años, creímos que las agujetas eran el resultado directo de microrroturas en las fibras musculares. Sin embargo, la evidencia más reciente sugiere que el daño inicial podría ocurrir en las terminaciones nerviosas del músculo, lo que cambia por completo nuestra forma de entender este dolor tan común.

Tres posiciones del huso muscular

Figura 3. Tres posiciones del huso muscular (receptor sensorial especializado del músculo esquelético). Cuanto más relajado está el huso muscular, más relajada se encuentra la cavidad con fluido (que es incompresible). Cuando el huso muscular se estira, la cavidad con fluido se aplana, y como el fluido nos e puede comprimir, se genera más presión y activación de las terminales nerviosas.

Cuando pasa un cierto límite, el fluido incompresible queda atrapado y causa microlesiones en las terminales nerviosas debido a la superposición de la compresión cuando se realiza ejercicio excéntrico repetitivo de manera extenuante o a la que no estás acostumbrado (Sonkodi et al., 2020).

❌ Desmontando el mito: el ácido láctico no causa dolor en tus músculos

Antes de profundizar en la verdadera causa, es imperativo celebrar un funeral por el mito más extendido en la historia del fitness: el del ácido láctico. Para empezar, porque ni siquiera existe per se en nuestro cuerpo: enseguida se disocia a lactato e hidrogeniones (iones H+) en cuanto es generado (revisión).

🚫 El ácido láctico no causa agujetas. Tampoco el lactato, obviamente. Esta idea se basa en la suposición de que el lactato producido durante el ejercicio se convierte en “cristales afilados” que se clavan en el músculo días después. Fisiológicamente, esto es un disparate.

La realidad es que el lactato, que es la forma en la que el ácido láctico existe en nuestro cuerpo, no es un producto de desecho, sino una molécula energética crucial que sirve como combustible para el corazón, el cerebro y los propios músculos (revisión).

🔥 Esa sensación de ardor que experimentas en los últimos segundos de una serie al fallo, eso sí está relacionado con la acumulación de iones de hidrógeno (H+), un proceso asociado a la producción de lactato, pero es un fenómeno agudo y transitorio.

Sensación de ardor durante ejercicio

⌚ La prueba definitiva de su inocencia es el tiempo. Los niveles de lactato en sangre y en el músculo vuelven a sus valores de reposo en un plazo de, aproximadamente, 60 minutos después de finalizar el ejercicio, aunque depende de la intensidad, del tipo de recuperación y del nivel de entrenamiento (estudio 1, estudio 2).

De hecho, estudios ya clásicos demostraron que no existe ninguna relación entre la acumulación de lactato durante el ejercicio y el dolor muscular que aparece 24 o 48 horas más tarde (estudio).

🤯 Pero, ¿y si la historia fuera todavía más sorprendente?

¿Y si el lactato no solo fuera inocente, sino que en realidad fuera uno de los «buenos»?

Esto es precisamente lo que sugiere la evidencia más reciente. Una completa revisión publicada en el Journal of Human Kinetics por Sonkodi y cols. (2022) no solo desmonta el mito, sino que propone que el lactato podría tener un papel activo y beneficioso en la recuperación muscular.

🔎 La investigación actual sugiere que el lactato posee propiedades antiinflamatorias, ayudando a regular la respuesta del sistema inmune tras el ejercicio e incluso promoviendo la transición hacia un entorno celular que favorece la reparación del tejido (revisión).

El destino metabólico de este lactato puede seguir uno de estos tres caminos (Figura 4):

  1. Actuar como factor gluconeogénico en el músculo.
  2. Ser oxidado en diferentes tejidos, principalmente en el músculo esquelético y el músculo cardíaco.
  3. Ser captado por el hígado y/o los riñones para la posterior síntesis de glucógeno hepático (ciclo de Cori).
Destino del lactato por célula muscular

Figura 4. Destino del lactato producido por la célula muscular.

Aproximadamente del 80 al 90 % del lactato producido será utilizado por las células para resíntesis de glucógeno o para su oxidación mitocondrial, quedando el 10–20 % restante disponible para pasar como sustrato al ciclo de Cori (revisión).

🦹 Así que, lejos de ser el villano que causa el daño, el lactato podría ser una de las moléculas señalizadoras que ayudan a orquestar la resolución de la inflamación y la regeneración de las fibras musculares Esto cambia por completo el paradigma: la molécula que durante tantos años ha sido culpada por el dolor podría ser, en realidad, parte del equipo de limpieza y reconstrucción.

💡 Absolver al lactato ya no es suficiente; quizás, deberíamos empezar a verlo como un aliado inesperado en nuestra recuperación.

Dolor muscular al entrenar

La verdadera historia de tu dolor muscular después de entrenar

Una vez absuelto el lactato, podemos centrarnos en los verdaderos protagonistas de esta historia. La causa fundamental de las agujetas es el estrés mecánico al que sometemos a nuestros músculos, pero el proceso que se desencadena es una cascada de eventos mucho más sofisticada que un simple «desgarro».

🎥 Es una obra biológica en tres actos: daño, inflamación y reparación.

👉 Paso 1: el daño mecánico y las famosas microrroturas

Todo comienza con la tensión mecánica.

🏋️ Cuando realizamos un ejercicio nuevo o más intenso de lo habitual, especialmente con un fuerte componente excéntrico, nuestras fibras musculares actúan como un freno para controlar el movimiento. Esta acción de alargamiento bajo carga es la que genera la mayor tensión mecánica y, por ende, el mayor daño microscópico (revisión).

La teoría clásica, sostenida durante décadas, ha puesto el foco de este daño en la propia fibra muscular; en alteraciones estructurales, como el desdibujamiento de unas líneas clave en la organización del músculo llamadas «líneas Z» y la desorganización de los sarcómeros, las unidades contráctiles básicas. Este era, hasta hace poco, el principal sospechoso: el músculo se «rompía» a nivel microscópico.

🔎 Sin embargo, como ya adelantamos, la revisión de Sonkodi y cols. (2020) nos invita a mirar más allá de la fibra muscular. Su hipótesis postula que el daño inicial y más significativo no ocurre en el músculo en sí, sino en el tejido conectivo que lo envuelve y, de manera crucial, en las terminaciones nerviosas libres (nociceptores) que se encuentran en él.

Según esta visión, la tensión mecánica estresa y daña primero a los sensores del dolor, y el daño muscular visible sería más bien un efecto secundario de la cascada de eventos que este daño neural pone en marcha.

Daño mecánico y microrroturas

👉 Paso 2: respuesta inflamatoria (el origen real del dolor)

Independientemente de si el daño inicial es primariamente muscular o neural, el siguiente paso es inequívoco: el cuerpo activa una respuesta inflamatoria controlada.

🆘 Este proceso no es un enemigo; es más bien el equipo de emergencias y limpieza que acude al lugar del accidente. El (poco) daño estructural provoca la liberación de una serie de moléculas señalizadoras que atraen a las células del sistema inmunitario, como los neutrófilos y los macrófagos, hacia la zona afectada (revisión 1, revisión 2).

Aquí reside la clave del dolor tardío. No son las microrroturas iniciales lo que duele de inmediato, sino las consecuencias de esta llegada masiva del equipo de reparación:

  • La afluencia de fluido y células inmunitarias causa hinchazón (edema) dentro del músculo, lo que aumenta la presión interna.
  • Al mismo tiempo, estas células liberan un cóctel de sustancias proinflamatorias (citoquinas, prostaglandinas, bradiquinina…).
  • Estas moléculas tienen un efecto muy potente: hipersensibilizan las terminaciones nerviosas del dolor que ya estaban irritadas por el estrés mecánico inicial (Figura 5).
Mecanismo fisiológico del dolor muscular

Figura 5. Mecanismo fisiológico del dolor muscular de aparición tardía (agujetas): el ejercicio intenso provoca pequeños daños estructurales en las fibras musculares y alteraciones en el manejo de calcio intracelular. Esto activa los nociceptores, que transmiten la señal dolorosa al sistema nervioso central, generando la sensación característica de agujetas.

El resultado es que, 24 o 48 horas después, esos sensores de dolor se encuentran en un estado de alerta máxima Un estímulo que normalmente no sería doloroso, como un estiramiento suave, una contracción muscular o una simple presión con el dedo, ahora se interpreta como una señal de dolor intenso. Esa es la verdadera razón de la rigidez y el malestar característicos de las agujetas.

🧠 El dolor y la rigidez de las agujetas no provienen directamente de las microrroturas, sino de la respuesta inflamatoria que se activa para repararlas. Es un proceso crucial: sin esta inflamación controlada, no habría una limpieza de los tejidos afectados ni una señalización para iniciar las adaptaciones neurales y estructurales.

👉 Paso 3: reparación y supercompensación

La inflamación, afortunadamente, no es solo un proceso de generación de dolor. Es, sobre todo, el pistoletazo de salida para reconstruir lo que necesita arreglo. Las mismas células inmunitarias que contribuyeron al caos inicial, especialmente los macrófagos, cambian de rol y pasan de ser un «equipo de demolición» a un «equipo de construcción«, liberando factores de crecimiento que orquestan la reparación.

Este proceso de regeneración está liderado por las células estrella de la recuperación muscular: las células satélite (Figura 6).

Las células satélite son una especie de células madre musculares que se encuentran en estado latente en la periferia de las fibras. Los factores de crecimiento liberados durante la inflamación las despiertan de su letargo (metanálisis) Una vez activas, se multiplican y se fusionan con las fibras musculares dañadas, donando sus núcleos y su maquinaria celular para reparar los daños y sintetizar nuevas proteínas.

Respuesta de las fibras musculares

Figura 6. Respuesta de las fibras musculares al entrenamiento con cargas a través de la activación y proliferación de células satélite (inicio de la respuesta inflamatoria) para conseguir la adición de mionúcleos que acompaña al aumento de tamaño muscular como adaptación al entrenamiento de fuerza.

🪄 Y aquí es donde ocurre la magia.

El cuerpo no se limita a reparar el músculo para dejarlo como estaba. En un proceso conocido como supercompensación, lo reconstruye para que sea un poco más fuerte y resistente que antes. Se añaden más proteínas contráctiles, se refuerza el tejido conectivo y se mejoran las conexiones neuromusculares.

🔄 Este ciclo de estímulo, estrés mecánico, respuesta inflamatoria y reparación (Figura 7) es uno de los mecanismos biológicos que nos permiten ganar fuerza y tamaño. El dolor muscular o las agujetas pueden estar asociados a microlesión, pero no son un requisito para la adaptación: su presencia no garantiza un buen entrenamiento, ni su ausencia implica que haya sido ineficaz.

Cambios estructurales en el músculo

Figura 7. Cambios estructurales en el músculo esquelético tras el ejercicio observados mediante microscopía electrónica (adaptado de Stauber et al. 1990). En la parte superior se compara un músculo ejercitado (izquierda) con uno no ejercitado (derecha).

En la parte inferior se muestran las fibras musculares en tres momentos: en condiciones normales antes del ejercicio, inmediatamente después y 32 horas después de la sesión de entrenamiento. Se aprecia la alteración de la organización de las miofibrillas y líneas Z tras el esfuerzo, así como el inicio de los procesos de reparación muscular en las horas posteriores.

¿Cómo prevenir el dolor y gestionar las agujetas?

Entender la ciencia detrás de las agujetas es el primer paso, pero la pregunta que seguro que te estás haciendo cuando apenas puedes levantarte del sofá es: ¿y ahora qué hago? 😩

Afortunadamente, la misma ciencia que nos explica el origen del dolor también nos ofrece un mapa para navegarlo. Este apartado es tu guía práctica para convivir con las agujetas, diferenciarlas de una lesión y utilizar estrategias basadas en la evidencia para recuperarte mejor y seguir progresando.

👉 ¿Dolor “bueno” o lesión? Aprende a diferenciar

Lo primero es aprender a escuchar a tu cuerpo.

💡Las agujetas, o el «dolor bueno«, tiene unas características muy definidas: es un dolor muscular difuso, no localizado en un punto concreto; suele ser bilateral (si entrenaste ambas piernas, te dolerán las dos); y aunque es molesto, se siente más como una rigidez profunda o una tensión que como un dolor agudo y punzante.

Además, su ciclo de vida es predecible: aparece de forma tardía (24–48 h), alcanza un pico y luego disminuye gradualmente en los días siguientes.

🤕 Por el contrario, el dolor de una lesión (una distensión, un desgarro) suele ser agudo, repentino y muy localizado:

  • A menudo puedes señalar con un dedo el punto exacto del dolor.
  • Puede estar asociado a un chasquido o a un movimiento específico durante el entrenamiento y, a diferencia de las agujetas, no suele mejorar con el movimiento suave, sino que empeora.
  • La aparición de hinchazón significativa, hematomas o una pérdida de función articular son también banderas rojas.
Aparición de hinchazón significativa

⚠️ Existe un escenario, muy poco común pero grave, llamado rabdomiólisis. Ocurre cuando el daño muscular es tan extremo que las fibras musculares se descomponen y liberan su contenido a la sangre, lo que puede causar un fallo renal (revisión).

Sus síntomas van mucho más allá de unas agujetas severas: hablamos de un dolor muscular insoportable, una hinchazón extrema de la extremidad y, la señal de alarma más clara, una orina de color muy oscuro (similar al té o a un refresco de cola) Si alguna vez experimentas estos síntomas, no es negociable: debes acudir al médico de inmediato, ya que se trata de una emergencia médica.

👉 Estrategias para mitigar su aparición y acelerar la recuperación

La mejor estrategia contra las agujetas es, sin duda, la prevención.

La clave número uno para prevenir las agujetas es llevar una progresión gradual. Tu cuerpo tiene una capacidad de adaptación asombrosa conocida como «efecto de la repetición» (repeated bout effect), que hace que a medida que vas entrenando, sesión tras sesión, se genere muchísimo menos daño y dolor que en la primero (revisión). Por tanto, empieza con calma y aumenta el volumen y la intensidad de forma paulatina.

🏋️ A nivel práctico, procura organizar tu volumen semanal de forma que entrenes cada grupo muscular 2 o 3 veces por semana ➤ Esto te ayudará a repartir mejor las series, evitar exceso de volumen en una sola sesión y alcanzar el estímulo óptimo, dejando a un lado el volumen basura.

Y, no, a pesar de ser el consejo más repetido en los gimnasios durante décadas, la evidencia científica es abrumadoramente clara: estirar antes o después del ejercicio no previene ni reduce las agujetas de forma significativa. Así lo confirman revisiones sistemáticas de la más alta calidad, que no encontraron ningún beneficio práctico en esta estrategia (revisión 1, revisión 2).

Estirar antes o después del ejercicio

🤔 Entonces, ¿qué funciona realmente para aliviar las molestias?

La ciencia apunta a varias estrategias que, si bien no eliminan el dolor por completo, pueden acelerar la recuperación:

  • Por supuesto, descansar y dormir como un bebé. Intentar alcanzar las recomendaciones de 7–9 horas diarias de sueño será la base sobre la que asentar los cimientos de tu recuperación (posicionamiento).
  • Nutrición post-entrenamiento: en general, no tienes que obsesionarte con el timing, pero si entrenas dos veces al día o vienes de ayuno, la estrategia nutricional que sigas en las primeras horas después del entreno puede ser una gran aliada.
  • La recuperación activa: ejercicio de muy baja intensidad como caminar o pedalear suave (revisión).
  • El masaje terapéutico y el automasaje con foam roller han demostrado ser eficaces para reducir la percepción del dolor y mejorar la recuperación funcional en algunos casos, aunque con evidencia mixta (revisión, metanálisis).

📊 Prioriza una progresión gradual para prevenir, optando por aplicar la dosis mínima necesaria que te permita avanzar más utilizando la menor cantidad de recursos posibles. Para aliviar, opta por la recuperación activa, el masaje o automasaje (opcional) y, sobre todo, un descanso de calidad y la correcta nutrición post-entrenamiento como bases.

Nutrición post entrenamiento

👉 Regla de las zonas de agujetas

Ahora que ya entiendes que el dolor muscular o las agujetas no equivalen a mejorar, tienes la base necesaria para interpretar la guía que te servirá para revisar con frecuencia cómo te sientes en el día a día, lo cual también puede orientarte sobre si estás entrenando de manera adecuada.

Respecto a las agujetas, como comentamos antes, lejos de lo que suele creerse, no representan necesariamente que el entrenamiento haya sido efectivo… pero tampoco significa lo contrario:

🔥 Sentir agujetas ocasionalmente es algo común cuando buscas aumentar tu masa muscular, especialmente en las primeras etapas, tras un descanso prolongado o al introducir un movimiento nuevo en tu plan (revisión 1revisión 2). Forman parte del proceso adaptativo.

  • Si no tienes nunca agujetas, está bien; aunque convendría revisar la técnica en los ejercicios, porque no es algo muy habitual. Por lo menos, para asegurarte de que estás haciendo todo bien.
  • Si tienes unas agujetas leves, probablemente también sea positivo.
  • Pero si son tan intensas que no puedes repetir el mismo ejercicio en 3 o 4 días, entonces conviene que vuelvas a evaluar en la siguiente sesión si necesitas ajustar la carga o el propio ejercicio, en caso de que siempre resulten muy limitantes.

Aunque las agujetas no son un indicador válido para juzgar un entrenamiento aislado, en nuestra experiencia como entrenadores sí hemos visto un patrón repetido en nosotros mismos y en nuestros clientes.

📅 El número total de días con agujetas durante un mes puede ofrecerte cierta información sobre si estás progresando adecuadamente o, por el contrario, si estás sobrepasando tu capacidad de recuperación.

Para ello, anota en tu diario de entrenamiento cómo te encuentras cada día usando cuatro categorías:

  • Zona 1.No tengo agujetas. Me siento preparado para entrenar.”
  • Zona 2.Noto que trabajé el músculo, pero es llevadero. Apenas agujetas.”
  • Zona 3.Siento el trabajo muscular, aparecen signos claros de agujetas y entrenar me cuesta, pero lo logro.”
  • Zona 4.Agujetas incapacitantes. No quiero entrenar, me faltan fuerzas.”

✅ Tras un mes, revisa tu registro y comprueba si cumples la regla 20/50/20/10 (Figura 8). Mientras no superes ese 10 % de días con agujetas incapacitantes, lo más probable es que estés trabajando dentro de tu volumen recuperable máximo.

Regla de las zonas de agujetas

Figura 8. Regla de las zonas de agujetas como referencia práctica para complementar la evaluación general de tu rutina y confirmar si avanzas correctamente con el paso del tiempo. Recuerda que no es el único factor: la progresión de cargas y las adaptaciones visibles son aún más determinantes.

¿Deberías entrenar con agujetas o dolor muscular?

💰 Esta es la pregunta del millón.

La respuesta depende de la intensidad del dolor.

🤓 Si tus agujetas son leves o moderadas en la zona que pretendes entrenar —puntuación de dolor ≤4 sobre 10—, realizar un entrenamiento ligero o enfocarte en otros grupos musculares no solo es seguro, sino que puede ser beneficioso (metanálisis). El movimiento suave aumenta el flujo sanguíneo a la zona, lo que puede ayudar a aliviar la rigidez.

Sin embargo, si el dolor es moderado o severo (≥5 puntos sobre 10), entrenar el mismo grupo muscular con alta intensidad no es demasiado buena idea El músculo se encuentra en un estado de inflamación y reparación, su capacidad para producir fuerza está disminuida y, lo más importante, el dolor puede alterar tus patrones de movimiento, forzándote a compensar con otras articulaciones y aumentando el riesgo de una lesión real.

✅ En estos casos, la mejor decisión es optar por un descanso completo o una sesión de recuperación activa muy suave. Has de aprender a escuchar a tu cuerpo también 😉

Entrenar con agujetas o dolor muscular

Resumen y conclusiones

Los músculos duelen después de hacer ejercicio debido a un proceso llamado dolor muscular de aparición tardía (DOMS), también conocido como agujetas.

Y no, el culpable no es el ácido láctico La causa principal es el estrés mecánico provocado por un esfuerzo al que no estás acostumbrado, especialmente durante las contracciones excéntricas o los nuevos ejercicios. Este estrés causa un daño microscópico que, según la evidencia más reciente, podría afectar principalmente a las terminaciones nerviosas del músculo y, en segundo lugar, a las propias fibras musculares.

💡 El característico dolor que sientes uno o dos días después no proviene directamente de ese daño inicial, sino de la respuesta inflamatoria que el cuerpo pone en marcha para repararlo.

Tu sistema inmunitario envía un «equipo de emergencias» a la zona, lo que provoca una leve hinchazón y la liberación de sustancias que aumentan la sensibilidad de los receptores de dolor. Es esta inflamación controlada y la hipersensibilidad de los nervios lo que se traduce en esa sensación de rigidez, malestar y dolor al tacto que conocemos como agujetas.

Este proceso, aunque incómodo, es fundamental para el progreso.

💪 Por lo tanto, sentir un poco de dolor, más bien, de molestia, —y diferenciarlo del dolor agudo y muy localizado de una lesión— es en realidad una señal externa de que se ha iniciado un proceso interno de adaptación y fortalecimiento.

Dolor después de los días ejercicio

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Mario Muñoz Lopez Graduado en Cc. Actividad Física y Deporte (UPM)

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